Del salón de clase a los ambientes de aprendizaje.



    El término ambiente de aprendizaje, se presenta una aproximación conceptual del mismo, para ello se parte de lo estimado en Ospina (1999), quien plantea que la expresión ambiente de aprendizaje se concibe como ese espacio donde se hace una construcción diaria del conocimiento, donde hay una reflexión cotidiana, singularidad permanente para asegurar la diversidad y con ella la riqueza de la vida.

     Asimismo, Ertmer y Newby (1983, en Soler (s/f)) asumen lo siguiente: “La pedagogía contemporánea sostiene que todo conocimiento está situado y exige a los docentes la identificación del contexto en el cual los conocimientos serán aprendidos y las competencias serán aplicadas” (p. 5). Lo señalado induce a pensar, entonces, que el lugar, donde se imparte enseñanza tradicionalmente conocido como aula de clases, puede ser sinónimo de ambiente, escenario o espacio de aprendizaje, puesto que, allí  es donde se produce un acercamiento vivencial de los actores del proceso (llámense: maestro, profesor, docente, facilitador, mediador, estudiante, alumno, participante, entre otros sinónimos aceptados tanto en la pedagogía como en la andragogía).

      En esa distribución del espacio o aula se despliegan recursos didácticos para desarrollar las estrategias metodológicas, considerando la disposición de los estudiantes y el docente, así como sus interacciones, es allí, también, donde confluyen intereses y dinamismo. Es en ese lugar que se consideran las teorías y los fundamentos filosóficos educativos, que sirven de ejes integradores en los que se basa el currículo, para conducir el proceso de enseñanza aprendizaje. Es decir que el aula es un ambiente instruccional, en el marco que se desarrollan procesos, se administra enseñanza y se hace propicio el aprendizaje.  Siendo los vocablos ambiente y espacios de aprendizaje sinónimos para aula de clases, pero sin la rigidez autocrática e imperativa,  que ciertos docentes asumen con la intencionalidad de exponer su superioridad infalible mas que la de ser mediador del aprendizaje.

      En los ambientes y espacios se desarrollan situaciones en la que se producen las relaciones comunicacionales humanas e interpersonales. En éstos, también, se intercambian ideas y fenómenos educativos. Cabe pensar, entonces, que existen unas variables, magnitudes o parámetros, plurales y diversos, que en conjunto dimensionan o caracterizan a los ambientes, denominándolo de acuerdo a las particularidades e intereses como “ambientes de aprendizaje”, ya que aquí se presenta y se convive con condiciones, circunstancias, objetos, factores que rodean al individuo, comunidad, desarrollándose simultáneamente destrezas, habilidades y adquiriendo conocimientos y saberes.

     Es, en este ambiente, donde, también, confluye la intención de enseñar y adiestrar o de ambas inclusive, pero, además, allí se permite la apertura a la diversidad en los paradigmas, teorías del aprendizaje, métodos y estrategias, modelos, planteamiento y operación de programas educativos. Es en ese habitat, que está abierto a la diversidad y riqueza de la producción de la creatividad en el aprendizaje, que nace de la contrastación y las disonancias donde reside la posibilidad de generar nuevas propuestas de solución a problemas. En esta área de convivencia es donde se manifiestan opiniones, sentimientos, afectividad y se intercambian experiencias, no para imitarlas, sino para ampliar el campo de referencias, las posibilidades, y su análisis, a fin de construir nuevas vías del hacer y quehacer educativo que den respuestas a las condiciones, a los conflictos cognitivos que puedan surgir en este proceso de la práctica andropedagógica.

       A propósito, Lanz (2003) plantea lo siguiente: “Los ambientes de formación, significa que no hay aulas, en el sentido estricto; hay ambientes que se van transformando, se van cambiando y se van modulando, en función de los requerimientos de cada una de las experiencias de formación” (p.8). En fin, el contexto donde conviven los actores del proceso socio instruccional es un espacio de acciones y emociones comunes, donde, como ya se ha mencionado, se comparten experiencias que complementan la formación y la capacidad de reflexión de los participantes, de manera cooperativa y que de acuerdo a los cambios se exigen reestructuraciones con nuevas perspectivas y posturas para optimizar el proceso de aprendizaje.

      A su vez, los ambientes de formación se inscriben intrínsecamente en la búsqueda por el desarrollo integral de la personalidad del aprendiz, que sea flexible para adaptarse a circunstancias cambiantes, que sea capaz de dirigirse a sí mismo, que sea crítico, creativo y transformador de su realidad, que aprenda a aprender de sus experiencias, que viva en un proceso de descubrimiento de los conocimientos y habilidades necesarios para resolver y prever problemáticas. En este sentido, el proceso de  evaluación de los aprendizajes debería ser una actividad que se integra al proceso de aprendizaje, para permitirle al estudiante constatar la medida en que los objetivos establecidos son alcanzados, y donde el errar o equivocarse sea productivo para coadyuvar a su aprendizaje. 

Extracto del libro:
EL USO DEL ERROR EN EL APRENDIZAJE. Una posible construcción pedagógica argumentativa.

Thairy Briceño (2011). CDCH. Universidad de Carabobo. 1era. Edición. Venenzuela.
Páginas 55 -57.

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