El Docente ante las teorías curriculares y su practicidad en el contexto educativo



El Docente ante las teorías curriculares y su practicidad en el contexto educativo
Msc. Anabel Guanay
anazoimar@hotmail.com

            El avance con respecto a la  tecnoeconómica y la era de la globalización en las últimas décadas ha acentuado la dinámica social y por consiguiente los contextos educativos exigiendo momentos para reflexionar la supremacía de un conocimiento fragmentado que se desarrolla en la actualidad y donde las teorías curriculares ejercen una gran influencia cognitiva. Estamos ante una era que demanda situar el conocimiento en un contexto multidimensional, trasnacional, global y planetario en palabras de Morín.
             Ahora bien una mirada retrospectiva ante las teorías curriculares que han ejercido en  los últimos cincuenta años permitirá afirmar el precepto planteado anteriormente partiendo de la siguiente triada:



Teoria Tecnica                                   Teoria Práctica                                       Teoria Critica


           
Fuente: S. Kemmis
            Esta triada visiona que la educación del futuro consta básicamente de dos procesos que inactuan e interactúan recíprocamente la planeación educativa que permite el proceso de planificación y adecuación de las técnicas y las estrategias que se llevaran a cabo en un momento de la clase; por otro lado es el proceso de enseñanza y aprendizaje en la praxis. En este sentido las teorías van a determinar el pensamiento y la acción de la educación desde el contexto socioeconómico que impera en tiempo y contexto.
            Desde este enfoque la importancia de la postura eclética del docente para poder discernir las acciones que van a orientar su praxis y no caer en un carácter ideológico en los planes,  programas y proyectos que deben responden  a un compromiso real con la educación. En este sentido es necesario el establecimiento de un bucle entre teoría-praxis y sociedad-educación que convoca a una “metateoría social” y a una “metateoría educativa”  concebidas desde el capital cultural de los estudiantes como el elemento intersubjetivo que integra el sistema educativo.
            Cabe mencionar lo planteado por el “modelo de Steenhouse” quien plantea que el currículo es un campo de comunicación que vincula la teoría y la práctica a través del docente como un ente activo de investigación aplicando sus acciones desde una perspectiva que “respete a la naturaleza del conocimiento y la metodología, que considere y respete el proceso y el ritmo de aprendizaje de los escolares, que asuma un enfoque coherente en la enseñanza” (pág. 68). Se vislumbra un docente autónomo y libre con un propósito claro y guiado por el conocimiento, inserta la investigación con la acción.
            El autor además expone que “un currículo es una tentativa  para comunicar los principios y los rasgos esenciales de un propósito educativo”, de esta forma permanece en constante socialización y discusión critica para que el saber se trasluzca en una práctica que responda a las exigencias de un país. Desde este precepto el Sistema Educativo en la sociedad moderna es clave para comprender su comportamiento social propiamente descrito ya que en su funcionamiento se reproducen  el  “capital cultural”.
Es el capital cultural un instrumento de conocimiento, expresión de saberes, técnicas, modos, maneras de trabajar que preestablecen “responsabilidades diferenciales” las cuales subyacen en una “arbitrariedad cultural” que ejerce relaciones de fuerza entre los grupos y va  orientada a reproducir la arbitrariedad cultural que se les inculca a través de un currículo.
              Por otra parte Pierre Bourdieu y Jean Claude Passeron (1970)  expresan que “la autoridad pedagógica”: toma la inculcación desde la arbitrariedad cultural que se realiza en una relación de comunicación pedagógica capaz de generar o reproducir el mismo efecto “pedagógico”, esta acción pedagógica implica necesariamente una condición social que exige para su ejercicio la autoridad pedagógica y la autonomía relativa de la instancia capaz de ejercerla. Razón por la cual se establece un bucle que se instaura legítimamente con un curso legal debidamente sustentado  dentro de las teorías curriculares imperantes en un contexto.




              El reconocimiento de la legitimidad que sustenta emisión de la autoridad pedagógica condiciona la recepción de la información y aún más la realización de la acción transformadora capaz de “reproducir” la información en formación. De allí toda acción pedagógica en el ejercicio dispone por definición de una autoridad pedagógica, los emisores pedagógicos aparecen automáticamente como dignos de transmitir lo que transmiten; quedan legítimamente autorizados para imponer su recepción y para controlar su inculcación mediante sanciones aprobadas o garantizadas.
              Esto es transferible a una formación social determinada por una cultura legítima, o sea, la cultura dotada de legitimidad dominante, no es más que la arbitrariedad cultural dominante, en la medida en que se desconoce su verdad objetiva de arbitrariedad cultural y de arbitrariedad cultural dominante. Una instancia pedagógica dispone de autoridad pedagógica que a su vez le confiere poder para legitimar la arbitrariedad cultural, es decir, imponer legítimamente  (educadores legítimos) y aquellos a quienes se les impone (destinatarios legítimos).
            Partiendo de este enunciado se re-producen los principios fundamentales de autoridad cultural que un grupo o una clase produce como digno de ser reproducido, tanto por su existencia misma como por el hecho de delegar en una instancia de autoridad para reproducirlo  en la escuela de allí la importancia de un docente capaz de reproducir saberes que correspondan al desarrollo económico y social y que establezca una postura escéptica ante acciones ideológizantes.

Referencias Bibliográficas:

Bourdieu P. y Passeron J. (1979). La reproducción. Elementos para una teoría del Sistema de Enseñanza (1° reimpresión, 1995). Distribuidores Fontamara, S.A. 

Stenhouse, (2003) Investigación y desarrollo del curriculum, Primera edición, Editorial Morata, España.

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