RESEÑA DE “LOS SIETE SABERES NECESARIOS A LA EDUCACIÓN DEL FUTURO” DE EDGAR MORIN
Alfonsina Bravo Galíndez
alfgraci@hotmail.com 

Al plantearnos el tema de la transformación curricular, debemos indagar sobre las teorías educativas que se encuentran marcando la pauta a nivel mundial. Una de ellas es de Edgar Morin,  quien nos presenta a los educadores, y al planeta, el libro: “Los siete saberes necesarios a la educación del futuro” (1999), en el que reflexiona acerca del camino que debe seguir la educación, dada la incertidumbre tanto ecológica, social como del conocimiento que nos embarga. Seguidamente, se exponen, brevemente, los saberes que debe fomentar la educación, de acuerdo con el autor ya mencionado:
El primero, la educación que cure la ceguera del conocimiento, se refiere a la necesidad de “hacer conocer lo que es conocer” (Morin, 2000, p. 1) o lo que es lo mismo, estudiar todos los aspectos de las características afectivas, culturales, cerebrales, humanas y mentales.
El segundo, los principios de un conocimiento pertinente, alude a la innecesaria fragmentación del conocimiento (monodisciplinariedad) en una era planetaria, global; por lo que la diversidad de informaciones hay que dilucidarlas desde el contexto (concebido como el texto en sí mismo y el contexto situacional), lo global (considerado como la vinculación entre el todo y las partes, o la recomposición del todo para llegar a las partes), lo multidimensional (el ser humano es integral –biológico, psíquico, social, afectivo y racional; mientras que la sociedad fluctúa entre las dimensiones históricas, económicas, sociológicas, religiosas, filosófica… -Morin, 1999-) y lo complejo (la estrecha relación de la unidad y la multiplicidad (ídem):  entre texto y contexto, entre ser humano y sociedad, entre el todo y las partes).
El tercero, enseñar la condición humana, implica la asunción del yo y de los otros; es decir, el ser humano es biológico y cultural. Esta relación es concebida desde los bucles: cerebro↔mente↔cultura, razón↔afecto↔impulso, individuo↔sociedad↔especie. Entre los tres se percibe la complejidad del ser humano: es biológico, por  lo físico y químico de su individualidad; es histórico-social, en fin, es cultural.
El cuarto, enseñar la identidad terrenal, implica la globalización del planeta, la occidentalización del planeta, con su “progreso” y su miseria; a la vez, involucra su división, por el antagonismo religioso, político, lingüístico, la profundización de las clases sociales, países del “primer” y “tercer” mundo; además de vivir una crisis de valores, económica y ecológica. Debido a todo ello, Morin (2000) destaca que en la educación se debe incorporar “el desarrollo intelectual, afectivo y moral a escala terrestre”; o lo que es lo mismo, una perspectiva planetaria que supere la concepción de progreso que ha imperado en la tierra desde la revolución industrial.
 El quinto, enfrentar las incertidumbres, alude a la enseñanza para “vivir” no solo en el presente sino en el futuro de la evolución socio-histórica (guerras, explotación del hombre por el hombre, consecuencias derivadas  del “progreso” del hombre: destrucción de la capa de ozono, contaminación ambiental, inundaciones…),  de la validez del conocimiento (del dogmatismo religioso al modernismo científico, del dogmatismo positivista al postmodernismo o teorías del conocimiento centradas en el ser humano), natural (terremotos, meteoritos), personales (del amor al desamor, la muerte). Morin (1999) presenta los siguientes subprincipios o bucles para afrontar la incertidumbre: riesgo↔precaución, fines↔medios,  acción↔contexto. Todos ellos dejan entrever que no se trata de “normalizar” o “acostumbrarse” a vivir en el hecho incierto, sino que debe apostarse por la ecología de la acción que al tomarse una decisión, se debe actuar en función de ella, de reconocer sus riesgos, transformarla e incluso, finalizarla, si la acción se torna hasta “peligrosa”.  
El sexto, enseñar la comprensión entre los seres humanos. Como se puede observar, es un concepto mayor a la tolerancia, en la que se concibe el respeto a las ideas, a la libertad de culto, a las creencias, a las tradiciones. Se trata de tolerar y de entender a nivel interpersonal, intergrupal y a escala planetaria. Este saber va de la mano con el cuarto saber, dado que se trata de impulsar acciones que promuevan la empatía, la alteridad y la comunicación humana.
El último, la ética del género humano o la antropoética en la que el bucle individuo↔sociedad↔especie debe asumirse como norte en la complejidad de la era planetaria. Es decir, el desarrollo individual, comunitario (local, regional, nacional, latinoamericano y mundial) y de la condición humana, desde la conciencia y la acción. Freire (2004) reflexiona sobre la condición de seres éticos y señala que “Mujeres y hombres, seres histórico-sociales, nos volvemos capaces de comparar, de valorar, de intervenir, de escoger, de decidir, de romper, por todo eso, nos hicimos seres éticos…” (p.16). En otras palabras, el ser humano desde su condición social, histórica, política, filosófica, biológica, cultural, puede razonar, sentir, creer, lo que conlleva a un juicio asertivo, empático y liberador (lo que en palabras del mismo Freire, 2004, no implica ni acepta acciones terroristas para el logro de la emancipación). Morin (1999), por su parte, considera que se debe enseñar la democracia, dado que ella permite “…la relación rica y compleja individuo-sociedad donde los individuos y la sociedad pueden entre sí ayudarse, desarrollarse, regularse y controlarse”; o lo que es lo mismo, va más allá del régimen político para reconstruirse y regenerarse en el bucle individuo-sociedad. Desde el punto de vista educativo, enseñar la democracia implica que debe concretarse en la acción del docente al hacer a un lado la educación bancaria para llegar a la estrecha vinculación del maestro y estudiante, a su relación dialógica; además, en la constante reflexión-acción-reflexión de la praxis educativa.  
Como se puede observar, toda propuesta educativa desde la complejidad debe tomar en cuenta: la interdisciplinariedad o globalización de contenidos (conceptuales, actitudinales y procedimentales) en los proyectos de aprendizaje, la empatía o alteridad, el desarrollo de los procesos mentales, del espíritu, la vinculación docente-discente, el análisis crítico de textos significativos (textos ecológicos, reflexivos, literarios, existenciales, médicos, históricos, sociales, entre otros), la formación de un ser humano integral (biológico, espiritual, social, histórico, racional) y  la incertidumbre; en otras palabras, se trata de una educación compleja y dialógica que forma para la vida.
En cuanto a la enseñanza de la lengua materna, es necesario mencionar, que esta es considerada el instrumento de comunicación, de diálogo; por lo que debe, con mayor razón, ser compleja y multidimensional, por lo que no debe concebirse solo desde la enseñanza de la  gramática, pues como  señalan Cassany et al (2000), “todos los profesores son maestros de Lengua”; es decir, el docente de Educación Física, de Matemática, de Inglés, de Química y el de Geografía de Venezuela usan la lengua materna como medio de comunicación de cada una de sus asignaturas, por lo que al partir de la globalización y de la planificación conjunta con los otros profesores, del diálogo con los estudiantes, el docente de Lengua y de Literatura se  puede llegar a un acercamiento interdisciplinario de la enseñanza del castellano.
Ese mismo docente puede tomar en cuenta la lectura de textos existenciales, de textos de desarrollo sustentable, ecológicos, históricos (globalizados con las otras disciplinas en los proyectos de aprendizaje), su reflexión, su discusión grupal, campañas (por ejemplo: de reciclaje, siembra…); es decir, la reflexión-acción-reflexión no solo sobre la lengua como objeto, sino como instrumento funcional, de comunicación, de uso real, de uso afectivo y de uso imaginario.
Además, se puede considerar la lectura, análisis y crítica de textos literarios e informativos que posibiliten el debate y la escritura  pro-humanidad; pro-desarrollo sustentable; pro-comprensión y aceptación de las diferencias étnicas, raciales, lingüísticas; pro-culturales locales, regionales, nacionales y mundiales.
En fin, un nuevo currículo debe ser complejo, tomar en cuenta la incertidumbre, la empatía entre los seres humanos↔ ambiente  y buscar la formación para la vida.
REFERENCIAS
CASSANY, Daniel, et al  (2000). Enseñar lengua. Barcelona: GRAŌ. 6ª edición.
FREIRE, Paulo (2004). Pedagogía de la autonomía: Saberes necesarios para la práctica educativa. Sao Paulo: Paz e Terra
MORIN, Edgard (1999). Los siete saberes necesarios a la educación del futuro. Traducción de Mercedes Vallejo Gómez. París: UNESCO. 

________ (octubre 23, 2000). Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. En:  www.elpais.es/p/d/suplemen/educa/otras/morin.htm

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