Calidad Educativa. ¿Éxito y Fracaso?
MSc. Hanexy Núñez

        La educación a veces “por no decir siempre”, ha parecido ser inabordable por parte de los gobiernos aunque no lo parezca, pues no sólo hacen parte del sistema, sino que además lo sostiene; claro, que para algunos de nosotros en ocasiones quizás no sea realidad por las condiciones de infraestructura, los beneficios salariales, los acuerdos y desacuerdos curriculares y un sinfín de componentes que dentro del sistema educativo convergen.

        Se habla de la importancia de romper los tan nombrados paradigmas educativos, pero, quién o quiénes son los implicados en generar estos cambios, si casi halamos los cerebros de nuestros estudiantes, en un mundo cargado de información donde más que intereses sociales y humanos, los monetarios se anteponen a una serie de procedimientos que sólo pretenden acrecentar el capital; considero así, que la labor de cambio está en los fines para los cuales educamos y formamos.

        La crisis de la educación, apunta a un proceso de simetría mundial. Muchos son los países especialmente en Latino-américa, que se enfrentan a los bretes de un sistema que de una u otra forma se manifestó como asertivo bajo el modelo selectivo del pasado, pero, que en los actuales momentos se ve rebosado por un censo escolarizado de grandes proporciones, procedente de diversos entornos socioculturales, “en el caso venezolano, las famosas Misiones Educativas”, además de ello el bombardeo tecnológico al que estamos expuestos día a día en todo el globo terráqueo, sin embargo, es evidente la depreciación del estudio como garantía para escalar social y culturalmente, por un canje cualitativo a la aproximación del conocimiento, es decir, quizá el fracaso no lo esté tanto en cómo marcha la economía de un país, sino en el aprendizaje recargado y memorístico al que se somete al estudiante “cantidad por calidad”, dicho así, pareciese que la academia ha ido perdiendo vigencia ante una sociedad híbrida y fraccionada.

                Al respecto, el Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA), en pruebas aplicadas a diversos países del continente, demuestran que por lo general en los países Europeos y Asiáticos quienes encabezan la lista (Finlandia y Corea del Sur), los resultados entre las tres áreas evaluadas (lectura, matemática y ciencia) tienden a ser equilibrados, es decir, aquellos estudiantes que han logrado muy buen desempeño en lectura, lo han hecho también en ciencia y matemática, ya que las actividades escolares parten del conocimiento específico “sin cúmulo”. Esto no quiere decir, sin embargo, que tales sistemas educativos exitosos sean todos iguales, en el caso de los modelos asiáticos los logros están articulados con la cultura competitiva, mientras que el sistema europeo centra la aplicabilidad de sus métodos en desarrollar las múltiples posibilidades de aprendizaje de todos los estudiantes, sin distinciones y lo más importante para qué le servirá aprehenderse de ellos.

        En el caso de Latino-américa específicamente Chile y Argentina, aun cuando los estudiantes han presentado déficit en un área, obtienen buenos índices probatorios en otras, mejorando cada vez más; sin duda, esto se debe a que las políticas de estudios han atendido a reformas curriculares importantes y las enfocan en alcanzar objetivos y contenidos básicos.

¿A qué se debe entonces el éxito o fracaso de los sistemas educativos?

        Si hay algo en que coinciden todos los modelos educativos exitosos es en su preocupación y ocupación por la calidad, no sólo de las líneas a seguir: carga horaria, diversidad de planes de estudios, contenidos, etc, sino también de la profesionalización del docente, que parte de la consideración social y competitiva, de allí que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), señala, por una parte, que la inversión en educación (dotación, infraestructuras…) no es tan determinante para el éxito, sino en quién administra tales recursos y por otra, que la cantidad de horas de clase, por ejemplo, no determina en gran escala la calidad educativa, desde este punto de vista, muchos son los casos donde ambas premisas no se cumplen.

        Aunado a esto, pudiésemos señalar que diversos factores (económicos, sociales y culturales) retrasan los cambios, de tal manera que estos deben abordarse primero para permitir al sistema educativo implementar procesos y políticas públicas que mejoren el desempeño de los estudiantes y la calidad docente; es así como la gobernabilidad, el entorno, las políticas y la cultura trazarán tanto el punto de partida “no arbitrario”, como el curso a seguir por quienes dirigen estos sistemas, pero, para lograr mejoras palpables en los resultados, ninguno de estos aspectos será tan importante como poner en práctica mecanismos curriculares que aseguren que la escuela y sus protagonistas brindarán educación de alta calidad.

        En resumen, el éxito no va de la mano con las coacciones sino con una dosis de  autonomía para tomar decisiones sobre las evaluaciones, currículo y todo cuanto ello encierra, integrando a esto la confianza mutua y la construcción de un consenso, ya que cuando planteamos grandes reformas educativas, por ejemplo, siempre involucramos a maestros y alumnos, no se trata entonces de órdenes del gobierno que los educadores tienen que acatar, sino de reformas que se preparan en conjunto. De allí que la naturaleza del plan de estudio o currículo en cualquier continente sea pieza fundamental, aunque si no se cuenta con un sistema efectivo no sólo para llevarlo a cabo, sino además para cumplirlo, corregirlo o mejorarlo de ser necesario, cualquier cambio en la carga, contenido u objetivos de aprendizaje, tendrán poca o nula relevancia sobre los resultados.


REFERENCIAS

UNESCO (2011) Educación de Calidad para Todos: un asunto de Derechos Humanos. Foro de discusión sobre políticas educativas y currículo en el mundo.  

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