La escuela como agente de socialización.
MSc. Hanexy Núñez

       Desde el principio de los tiempos, el hombre ha tenido la obligación de convivir en grupo, esto con la finalidad, no sólo de enfrentar y solucionar diversos problemas, sino además satisfacer  sus necesidades comunicativas y que se dan y cumplen en conjunto; inicialmente éstas fueron simples, pero con el tiempo se fueron haciendo más complejas, alcanzando a vivir de manera interactiva con otros. Esta premisa, definitivamente nos hace capaces para integrarnos a una vida socialmente productiva, ya que socializamos en diferentes contextos: donde vivimos, lugares que visitamos y trabajamos.

        En el caso particular de la escuela, el proceso socializador de los niños y niñas juega un papel preponderante en su formación y desarrollo, ya que allí éstos podrán armonizar los conocimientos que traen de su hogar con los que pronto recibirán en la escuela. Además de ello, serán los responsables de transferir las tradiciones intelectuales de una sociedad (su sociedad). Vygotsky (1979), en su teoría sociocultural afirman que “el desarrollo cultural del niño aparece por partida doble: primeramente la social y luego la individual”, es decir, que la socialización no sólo comprende costumbres, tradiciones y valores, sino además la cultura.

        Sin embargo, la socialización del niño en su infancia no dibuja con apresto exacto las actitudes, valores, comportamientos, costumbres y hábitos, ya que a medida que se desarrolla va cambiando también sus esquemas, producto de su interacción constante con la sociedad que le demandará conforme más adelante nuevos comportamientos, de allí que la organización de sus actos se van haciendo más compleja.

        Es importante destacar, que este proceso de formación social en el niño, por una parte es tarea de la familia, ya que de una u otra forma le trazará el camino a seguir en el sendero de su vida; porque a fin de cuentas es la familia la primera escuela a la que asiste todo ser humano y, por otra los maestros que dentro del proceso de enseñanza y aprendizaje se convierten en orientadores, mediadores de aprendizajes y formadores y, que a su vez permitirán al niño  desarrollar integralmente sus capacidades, habilidades y destrezas para un mejor desempeño social. No obstante, día a día nos enfrentamos a una triste realidad: “la escuela dentro de una sociedad escindida en clase, color y genero”.

        A manera de cierre, no cabe duda que la socialización del niño no es tarea de una sola persona, sino que es un trabajo en conjunto: familia, escuela y comunidad; si bien el currículo es ámbito de expresión de las concepciones sobre la teoría y la práctica educativa en sus correlativas especificaciones, transcribe además múltiples sentidos, pero esencialmente la reciprocidad que todo proyecto educativo entabla con la sociedad; de manera que, todo aprendizaje que sea incorporado por los niños aunque no sean visibles en el currículo oficial, pero, que se dé en cualquier contexto, pueden definitivamente brindar aprendizajes no buscados, vinculados no sólo a la escuela sino también a las experiencias no escolares.



“... Donde los maestros aprenden su oficio es en la escuela y, fundamentalmente, en el aula. Es allí donde debe darse la oportunidad de desarrollar el currículo de formación, porque se trata de un saber en la práctica, un saber que necesita ese espacio para que uno observe a otro, para que uno discuta con el otro. Es difícil compartir la práctica, pero creo que es posible... ”

Ana Teberosky

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